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lunes, abril 13, 2009

Fotos Equinoccio en Cuautla


Siempre tuve el deseo de presenciar el equinoccio de primavera en el ancestral observatorio astronómico, llamado por los lugareños "Las Águilas" en el municipio de Cuautla, Jalisco, pero por diferentes motivos no lo había podido cumplir. Este año en cuanto me invitaron unas amistades, decidí que era el momento indicado para cumplir este propósito.

El lunes previo, mi esposo Carlos Jesús, un amigo mutuo, Carlos Ramírez y quién esto escribe fuimos al referido lugar para reconocer aunque fuera de manera superficial, las características del sitio y así disponer de lo necesario para días después acudir preparados a dicho evento.

En un automóvil de los llamados SUV´S salimos por el llamado "ingreso norte" de Unión de Tula,(por donde se ubican las escuelas y centros de salud) tomamos la carretera hacia Guadalajara y en el "crucero de San Clemente" cambiamos de rumbo hacia la izquierda para dirigirnos a la población de Cuautla, pasando por el vecino municipio de Ayutla.

A un par de kilómetros de llegar a dicha población, hicimos una parada en la capilla "Talpita" para que se nos informara con mas seguridad sobre la ubicación de dicho centro ceremonial. Ahí, entre muchos peregrinos de los llamados "Talpeños" un vendedor de comida nos indicó que la entrada al sitio estaba justo antes de la cabecera municipal, a mano izquierda de la cuchilla de ingreso al pueblo, en un portón que tenía su respectivo letrero.

Llegamos al lugar indicado, salimos de la carretera y cruzamos en vehículo sin mayor dificultad el terreno pedregoso de la brecha de unos tres kilómetros que conduce al ingreso formal del sitio. Dejamos el automóvil en la primera puerta de varias parcelas que hay que cruzar para seguir a pie hasta llegar a una pequeña charca que flanquea lo que es la entrada de la zona arqueológica, con cabaña, baños "y toda la cosa".


El lugar evidentemente cuenta con un fuerte apoyo gubernamental dado que existe el proyecto para convertir el lugar en un atractivo turístico municipal, equipado con lugares de descanso, sanitarios, servicio de agua potable e iluminación durante todo el trayecto hasta la cima del cerro en donde se ubica el referido sitio arqueológico.


Estuvimos en el sitio una media hora en donde platicamos brevemente con algunos trabajadores que estaban en la construcción de lo que vendrá a ser un mirador hacia el valle y la población de Cuautla pero que lamentablemente no nos pudieron proporcionar mayor información en lo referente al sitio en sí. Ante esto decidimos regresar a la Unión.


Llegó el viernes 20 de marzo, mi esposo y yo nos levantamos antes de las cuatro de la mañana ya que habíamos programado la salida media hora después; acomodé las cosas y salimos a la esquina de la calle México y Juárez, punto de reunión pactado con los compañeros de viaje, Moy González, Juan Altamira y Juan Carlos Villafaña; la plaza del pueblo estaba a oscuras y aún no había gente, en eso llegó Carlos Ramírez en su camioneta y partimos.

Dado el conocimiento adquirido en la visita previa, en esta ocasión nos aventuramos a llegar en el automóvil hasta la falda del cerro, en donde principian las obras del recién construido camino sobre la ladera para acceder a la cima, salimos del carro, encendimos un par de lámparas e iniciamos la caminata.

Esa mañana el ascenso me pareció más pesado que el anterior, todo estaba oscuro y la luz de las lámparas era insuficiente. Evidentemente a los funcionarios de turismo del H. Ayuntamiento de Cuautla se les olvidó disponer que las lámparas estuvieran encendidas a lo largo del andador.

Al fin arriba, me sentí llena de energía y más entusiasmada. Vimos que ya estaba instalado ahí un campamento, pero todavía todo estaba en silencio. Como grupo, nos retiramos un poco del perímetro del sitio astronómico para hacer algo de ejercicio y así mantener el calor corporal, posteriormente tomamos un poco de café y comimos un bocadillo.

Al acercarse la hora pudimos ver como llegaba un grupo de jóvenes de la escuela preparatoria, suponemos que de Ayutla, y unos momentos después llegó otro grupo, esta vez de reporteros.

Para ese momento, los del campamento antes mencionado salieron de sus casas, se ataviaron con unas túnicas blancas e iniciaron una especie de ritual, esto vino a despertar la curiosidad de los estudiantes y los reporteros quienes buscaron acercarse a presenciar lo que estaban haciendo. Un reportero quiso fotografiarlos, el guía de los campistas, al darse cuenta de esto le pidió respetuosamente que no lo hiciera, petición que no fue atendida, ya que, supongo el reportero estaba realizando su trabajo (nos enteramos después que se trataba de un reportaje para un periódico de Guadalajara y para la Secretaría de Turismo), esto molestó al guía del ritual por lo que tuvo que exigirle en tono más enérgico que no los fotografiara más. Seguramente esta persona tendría sus razones.


Al mismo tiempo, algunas muchachas estaban realizando encuestas para rescatar opiniones de los trabajos que ahí se están realizando. Una de ellas se me acercó y me entrevistó. De lo tratado, a manera de resumen les puedo comentar que no estoy de acuerdo en que ahí construyan un restaurante, que haya caballos para renta ni que coloquen un sistema de "rappel", en fin, en lo personal me parece que el lugar debe permanecer tal como está.

Conforme pasaban los minutos, los alumnos de la preparatoria comenzaron a inquietarse y hacer "relajo". Al momento previo a la salida del sol, estos jóvenes se congregaron justo encima de la llamada "piedra marcador" que viene a recibir la luz del sol y así complementar el efecto pretendido en dicho observatorio, impidiendo a las demás personas ahí presentes disfrutar en todo su esplendor el fenómeno del equinoccio en dicho conjunto milenario.


Dadas todas estas circunstancias, lo que yo esperaba fuera algo memorable no lo fue en su totalidad, me apresuré a ubicarme en un lugar más o menos preciso para tomar algunas fotografías que documentaran el evento y después me dediqué a admirar la belleza del sol saliendo por el oriente entre los monolitos que componen el observatorio.


Pude ver directamente al sol sin cegarme, se veía hermoso, parecía un trozo de tela delgada, blanca que permitía ver a través de él. Alrededor del sol parecía haber un anillo de luces, que se movían rápidamente, el juego de luces que presentaban fue maravilloso. Después del anillo se veía un resplandor violeta en diferentes intensidades. En ese momento se siente como la energía va llenando todo el cuerpo. Es algo difícil de explicar, considero que todas esas sensaciones y emociones se deben experimentar personalmente visitando lugares de estas características..


No tuve la oportunidad de ver el conjunto en su totalidad, el cual refieren se compone del centro astronómico, el ceremonial y el sitio mágico, solo estuve en el observatorio...pero espero que en mi próxima visita pueda recorrer toda la zona.

Nélida García, Abril del 2009.

Mas información en este blog, ver: "El stonehenge de Jalisco"

domingo, abril 20, 2008

El Stonehenge de Jalisco













En la cumbre de Las Águilas, el caminante encontrará alineadas tres rocas monumentales de forma alargada que, de acuerdo con los lugareños, fueron colocadas por culturas prehispánicas para medir el tiempo. Para llegar al lugar, ubicado a cuatro kilómetros de Cuautla, en la sierra occidental de Jalisco, es necesario caminar aproximadamente 30 minutos cuesta arriba por una pendiente de tierra, que permanece seca y caliente durante Invierno y Primavera, sobre una elevación que forma parte de una pequeña cordillera separada de las montañas.

En Las Águilas, la vista domina el horizonte hacia el Oriente y el Poniente, marcado por una secuencia de montañas; el valle a los pies de la cordillera, donde se encuentra Cuautla; los plantíos azules de agave y, arriba, la cavidad del cielo. Las tres rocas son de cuatro y cinco metros de altura, también hay diversas piedras a nivel del suelo, con orificios que parecieran estar tallados por la mano del hombre, a manera de relojes de Sol para marcar el tiempo o de cuencos para detener el agua. Hay, también, algunas construcciones de forma circular que pudieran ser prehispánicas.

Sin embargo, todo es aún incierto: faltan estudios especializados de astronomía, geología y arqueología para determinar con certeza el origen del lugar. Pero los pobladores de Cuautla están dispuestos hacer las gestiones necesarias para saber. Para que alguien les confirme que la cumbre de Las Águilas es su tesoro.

El arqueólogo Otto Schöndube, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), realizó una exploración de superficie con la finalidad de determinar si se trata de un sitio construido por la mano del hombre para observaciones astronómicas. El especialista subió a la cima armado con dos pequeños aparatos similares a las brújulas: uno para medir la presión atmosférica y, a partir de eso, ubicar la altitud sobre el nivel del mar. El otro instrumento era para contar los pasos caminados. Durante lo que la arqueología llama científicamente “exploración de superficie”, Otto Schöndube observó el terreno minuciosamente, recogió algunas rocas y lo que parecía un tepalcate e hizo mediciones con su “brújula” frente a los tres monolitos, en una tarea donde la experiencia y el ojo agudo de un arqueólogo bien entrenado son fundamentales.







Después de recorrer el sitio a pie y realizar observaciones en el entorno, el especialista concluyó que se trata de una formación geológica natural de origen volcánico muy llamativa, entre cuyas rocas destacan tres de proporción monumental, que parecen pilares con una apertura relativa entre ellas, dando lugar a una especie de mira. La tradición oral, recabada y comprobada por Miguel Mora de Mendoza, autor de Jalisco arqueológico. Descubrimiento de un antiguo observatorio astronómico, dice que durante los cambios de estación el Sol se asoma por la hendidura que se forma entre las tres rocas, iluminando a una cuarta piedra que se encuentra más atrás, a nivel del suelo. También dice que dicha secuencia de rocas es una suerte de construcción prehispánica con la intención de hacer observaciones astronómicas, de manera similar al sitio de Stonehenge, en Gran Bretaña.

El arqueólogo Joseph B. Mountjoy, de la Universidad de Carolina del Norte en Greensboro y quien ha realizado investigaciones arqueológicas en Nayarit y Jalisco desde 1967, afirma que “hay evidencia arqueológica en la región de ritos de renovación, ligados a la transición entre las temporadas seca y lluviosa desde la llegada de los primeros agricultores, alrededor del año 1000 a.C. hasta la época Colonial”. Según sus análisis, la actividad de grabar petroglifos fue muy importante en esos ritos, dedicados a conseguir las lluvias del dios solar. Aproximadamente 98 por ciento de los petroglifos estudiados por él, concluye, “están asociados a ritos de renovación relacionados con el Sol, el agua y la fertilidad y la mayoría parecen ser manifestaciones físicas de oraciones ofrecidas al dios solar para obtener lluvia, semejantes a los "milagritos" que algunos cristianos colocan en los templos católicos para pedir favores. “En Jalisco, la costumbre de grabar petroglifos probablemente comenzó alrededor de 300 a.C., y en algunas partes parece haber persistido más allá de la conquista española”, apunta Mountjoy.







En el sitio de Las Águilas los lugareños distinguen tres secciones: el observatorio, un centro de magia y un centro ceremonial. El observatorio se encuentra en la parte más elevada, en el punto medio de la cordillera. Caminando unos metros hacia el Sur la mirada alcanza el centro de magia: multitud de rocas de forma similar a los tres pilares del observatorio y que se abren paso hacia el cielo entre las ramas secas y pelonas de los cientos de árboles que las rodean. Se trata de la parte más extensa del terreno conocido como cerro El Molino. Mirando desde el observatorio, la lejanía las hace parecer una ciudad de fantasía construida para una cinta de ciencia ficción.

Hacia el Norte está el centro ceremonial, donde se encuentran enterradas construcciones de forma circular que pudieran ser prehispánicas, así como rocas que, a decir de Miguel Mora, tienen petrograbados sólo visibles cuando el Sol les pega de forma perpendicular a través del fenómeno de luz y sombra. La mayor parte del día son invisibles.

Schöndube no pudo confirmar la presencia de petrograbados: para ello se requiere de una segunda visita y realizar los estudios arqueológicos antes señalados. Sin embargo, explica que existe la posibilidad, ya que los petroglifos son inscripciones sobre piedras arraigadas al suelo, en las cuales los indígenas esculpieron formas que para ellos tenían significados religiosos. “Se considera que éstos se hacían en sitios sagrados para los mesoamericanos, puntos de origen donde de acuerdo a la cosmogonía indígena nació un dios, o donde surgió el agua que los alimentó”, dijo el arqueólogo.










En lo que respecta a la medición del tiempo, Schöndube recordó que los mesoamericanos medían el paso del tiempo con observaciones largas y continuas a partir de los cambios del punto de puesta o salida del Sol, guiándose con los picos de las montañas y las cunetas que se forman entre uno y otro cerro; puntos de mira para observar el movimiento del Sol en el horizonte. En un lugar plano donde no hay montañas no podían medir el paso del tiempo, necesitaban un horizonte con marcas. Las Águilas, señaló, es un sitio adecuado para observar el trayecto del Sol por su altura, desde donde se observa un horizonte amplio, cerrado a ambos lados en la lejanía, con picos de montañas y cunetas.

También explicó que en las fuentes documentales no hay datos de observaciones astronómicas prehispánicas en estos lugares, pero sí ha encontrado referencias de que los antiguos habitantes de la región subían a los cerros en determinadas fechas a venerar a sus dioses. En el volcán de fuego de Colima y en el nevado de Colima se han encontrado vestigios de esas ceremonias. Sin embargo, el investigador del INAH está convencido de que las características de las rocas son naturales y lo que pudo haber sucedido es que los indígenas se dieran cuenta de la posición y la hayan aprovechado para realizar sus ceremonias y hacer observaciones solares, es decir, les dieron utilidad, no las construyeron.

Schöndube sugirió una investigación amplia que involucre a geólogos y astrónomos de otras instituciones para verificar el tipo de formaciones rocosas y los fenómenos de luz que, se dice, ocurren durante los cambios de estación. También debería realizarse una investigación de campo para determinar con exactitud si hay vestigios arqueológicos y de qué tipo. De haberlos, habría que determinar la época en la que fueron elaborados y la cultura a la que pertenecieron. Al respecto, comentó que durante la época prehispánica la región fue habitada por grupos de migrantes de ascendencia náhuatl: principalmente chichimecas, así como cocas y caxcanes. Destacó que si bien el sitio no tiene el espacio suficiente para haber sido sede de algún asentamiento de carácter habitacional, el hecho de estar próximo a valles agrícolas muy ricos deja la posibilidad de que los pobladores de la región subieran a la cima de la cordillera hacer ceremonias religiosas.

A partir de la observación de superficie, Schöndube identificó la presencia de círculos elaborados con piedras menores por la mano humana, pero enfatizó “habría que excavar hasta su piso para verificar los materiales con que fueron construidos, ya que podría tratarse de algún tipo de edificación moderna de un cuidador de ganado”. Así mismo, verificó huecos en el centro de algunas rocas en forma de cuencos, y dijo que es factible que esta especie de orificios fueran elaborados por culturas antiguas para contener agua, pero también puede tratarse de formaciones naturales por un proceso de erosión.

Para realizar la exploración fue necesaria la guía de un poblador de Cuautla de nombre Manuel Rangel, que conoce el sitio “como la palma de su mano”, quien lleva a la cima del cerro Las águilas a los turistas interesados en conocer el “observatorio astronómico”. Para él, ahí pasaron cosas importantes que tienen que ser descubiertas y enseñadas al mundo con orgullo. El descenso de la pendiente es menos pesado y en el trayecto, con suerte el visitante podrá ver el vuelo del águila en su hábitat pues el nombre del lugar se debe a que ahí anidan águilas así como aves de rapiña que rondan sobre las rocas del centro de magia.

Los pobladores de Cuautla esperan la visita de más gente “de la que sabe de ciencia” para hacer del observatorio prehispánico una realidad, en esa ciudad pétrea de fantasía, enclavada en la cima de una cordillera seca de la sierra occidental de Jalisco; allá, por donde uno ha creído a veces... que nada habría después...

Cortesía: Guadalajara/Público